miércoles, 25 de octubre de 2017

Fieles a lo clásico: lectura en papel y otras historias



Todo aquel que sea aficionado a la lectura tiene presente la satisfacción y la calidez, que se siente al abrir un libro nuevo. Ese olor a recién salido del horno, que caracteriza a un nuevo tomo. Aquel que tanto deseábamos tener entre nuestras manos. Aquel que nos acompañara el resto de nuestra vida contemplando, tímida y silenciosamente, el transcurso del tiempo desde las estanterías de nuestro hogar. Gran parte de su existencia se basara en observar el paso de los días desde el estante de nuestra biblioteca particular. Sin embargo, en algún momento, su paciente espera se verá compensada.


Muchos creímos que con las nuevas tecnologías, y los infinitos medios para satisfacer nuestras necesidades lectoras, estos quedarían relegados al olvido. Algo así como lo que sucedió en su día con los vinilos y las cintas de casete. No obstante, un pequeño hilo de luz despierta la esperanza que muchos creíamos perdida: los libros en formato impreso, es decir, en papel, nunca serán relegados.
O eso deseamos.

Un grupo de compañeros de la facultad de Ciencias de la Información de la UCM, hemos realizado una encuesta para esclarecer las hábitos de consumo cultural de los jóvenes. Centrándonos en los hábitos de lectura, debemos destacar que de las 167 personas a las que hemos consultado, 127 elije el papel como formato predilecto para la lectura. Le sigue el ordenador, con 52 personas que lo eligen como método secundario de lectura. El formato eBook, elegido por 30 de los 167 encuestados, tiene un número significativo de adeptos aunque, de momento, son muchos los que prefieren el formato físico.

Gráfico de respuestas de formularios. Título de la pregunta: Cuando lees lo haces.... Número de respuestas: 167 respuestas.



En cuanto a lugares elegidos para llevar a cabo tan necesario hábito, el confort del hogar y las infinitas horas que pasamos en el transporte público, son los que marcan los espacios dedicados por los jóvenes a la lectura. El momento del día que se destina a la lectura lo establece un viejo conocido, el tiempo. Muchas de las personas encuestadas asumen leer cuando tienen tiempo libre, por las noches antes de ir a dormir y los pequeños espacios de tiempo destinados a moverse por la ciudad.
                                                                                                     Mireia LopezSa

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